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¿Se ha preguntado alguna vez por qué el ayuntamiento parece ser totalmente incapaz de reformar el sistema de autobuses en la ciudad a pesar de la continua suma de accidentes y heridos debido a choferes imprudentes y el interminable crecimiento de la contaminación que producen por todo Puerto Vallarta, no sólo en las viejas calles pintorescas del Centro de la cuidad y la Zona Romántica?
Pareciera que año tras año, más permisos innecesarios de rutas de autobús son concedidos en el nivel estatal, a menudo como regalos a cambio de favores políticos. Estos permisos, una vez concedidos a bajo costo a la oficina del gobierno que lo otorga, no pueden ser revocados y, por lo tanto, representan un valor significativo que puede ser comprado y vendido; únicamente se puede anular sí es vuelto a comprar por el gobierno. Quizá esto también explica por qué el ayuntamiento no parece imponer eficientemente normas de seguridad que incluyan inspecciones regulares de los vehículos para asegurar que no haya desperfectos en los pisos de metal de los mismos, o ausencia de asientos o a punto de colapsarse y salidas accesibles, así como puertas y ventanas. No olvidemos la regulación de los conductores con un sistema de licencias más riguroso que asegure que todos demuestren que no sólo tienen las habilidades de poder maniobrar sin peligro un autobús, sino también la actitud responsable para transportar con seguridad a los pasajeros. Esto significa, por supuesto, multas estrictas y pérdida de sus permisos en caso de no cumplir.
La ciudad debe encontrar la manera de trabajar con el Estado para limitar y reducir el número de autobuses por ruta y regular la lista de paradas. Los pasajeros deberían tener la posibilidad de comprar un pase de autobús semanal o mensual a manera de ahorro, el cual pueda ser usado en cualquier autobús y cualquier ruta durante dicho período. Los usuarios no frecuentes deberían tener la posibilidad de pagar por un pase de una hora, el cual les permita conectarse con otros autobuses, pagando únicamente una vez para llegar a su destino.
Esto evitaría el peligroso incentivo actual para los conductores de autobús compitiendo por tarifas, jugando carreras hacía la siguiente parada. El sistema actual carece de este factor, es intrínsecamente peligroso para los pasajeros, incluyendo a mujeres que a menudo tratan de sostener a sus hijos pequeños cada vez que suben al autobús. La mayoría de las personas, sin otra alternativa, tienen que subir a estos peligrosos autobuses. Cualquier gasto relacionado para llevar a cabo los reglamentos debería ser proporcionado por la compañía de autobuses o costeado por las muchas multas que serían inevitablemente impuestas.
James Hunter – Editor
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