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Quien ha buceado o practicado snorkel ha visto esos graciosos y aparentemente torpes peces rechonchos; algunos con espinas muy grandes, algunos sin ellas. Cuando son molestados “tragan” una cantidad asombrosa de agua, por eso se llaman pez globo. Todos ellos pertenecen a una gran familia de peces, conocidos más por la toxina que contienen sus cuerpos: la tetrodotoxina.
-¿De dos o cuatro dientes, con espinas o sin espinas?
Estos peces son clasificados de acuerdo al número de dientes que tienen sus bocas y, a grandes rasgos, aquellos que tienen dos pares de dientes poseen espinas grandes, mientras que los que tienen cuatro pares poseen espinas apenas visibles. Si bien todos pueden resultar tóxicos, aquellos de espinas cortas o no visibles son los más peligrosos y su consumo está fuertemente regulado en algunos países del mundo.
En nuestra bahía encontramos 8 especies distintas, entre las cuales se encuentra el más famoso y peligroso: el botete diana (Arothron meleagris); pero el más común es el pez erizo (Diodon holocanthus), de menor peligrosidad, el cual es utilizado para ser vendido en los mercados como un recuerdo o artesanía, pues luego de pescarlos los “inflan” y los dejan secar con su forma redonda.
-Belleza mortal
Son peces inofensivos pero su peligrosidad se limita a su consumo, dado que pueden ser tóxicos. Sus aletas controlan los movimientos de su cuerpo de forma asombrosa, permitiéndoles dar giros y retroceder fácilmente. Ello les ha hecho sumamente efectivos capturando a sus presas entre las rocas, haciendo uso de su gran sentido de la vista. Alimentándose de invertebrados, como moluscos y crustáceos, utilizan esos fuertes dientes que los caracterizan para “moler” las conchas de sus presas. Su hígado, intestinos y piel, absorben las sustancias tóxicas que contienen sus presas, lo que los hacen potencialmente tóxicos para su consumo.
En Japón, el consumo de estos peces se ha convertido en todo un arte y existen restaurantes especializados en servirlos. El secreto de su preparación es la limpieza del pescado.
-Globos en peligro, a causa nuestra
En nuestra región, como en gran parte de México, los pescadores ribereños son el principal depredador de estos peces, afectando significativamente su población natural, pues si bien no los aprovechan como alimento, no los devuelven al mar vivos, matando diariamente decenas o tal vez cientos de ellos.
¿Se ha usted fijado al caminar por la playa que siempre se ven peces globo muertos por doquier? Es porque los pescadores los arrojan a la playa para dejarlos morir, en lugar de devolverlos al mar. La razón: la rabia que les da que estos peces se coman sus carnadas, pues normalmente usan una especie de cangrejo de arena que es un elemento importante de la dieta natural de estos peces.
Siendo un importante miembro de la cadena alimenticia de los arrecifes, estos peces controlan el exceso de caracoles, erizos y otros organismos que si no son eliminados pueden convertirse en una plaga, dañando significativamente el arrecife y, en consecuencia, la pesca de peces comestibles. Si bien son peces “no deseados” por la mayoría de los pescadores, deben ser regresados al mar y permitirles así que cumplan con su papel ecológico, pues al final contribuyen a que la pesca sea exitosa y puedan seguir llevando pescado a sus casas.
*Oscar Aranda es biólogo dedicado a la conservación y respeto a la naturaleza a través de la conciencia ambiental. Es promotor de la observación responsable de la ballena jorobada y el turismo ambientalmente amigable, así como de la protección de tortugas marinas en Puerto Vallarta. Para mayor información visite la página www.vallartanature.org
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